viernes, 11 de diciembre de 2015

LANGOSTA




 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Estamos frente a una película realmente peculiar, difícil de clasificar pero enormemente sugerente y con una gran fuerza expresiva.
 El argumento es inverosímil, pero no importa. Como metáfora vale sobre todo por la capacidad de su director de crear mundos. porque crea dos microcosmos sociales paralelos que tienen en común su carácter totalitario. Las leyes que marca la normalidad son tan arbitrarias en un caso como otro, uno es civilizado ( el Hotel)  y el otro salvaje( el Bosque) , pero en ambos no hay margen para la libertad individual ni tampoco para el amor. En el mundo en el que está prohibida la soltería tampoco hay margen para el amor. Todo está tan reglamentado que no puede aparecer una atracción real, basado en lo que Jacques Lacan llamaba el rasgo unario de cada persona, aquello que lo singulariza y a partir de lo cual puede aparecer una atracción real. 
 En el mundo donde está prohibido el amor tanto hay soledad porque también está tan reglamentada que uno no puede estar consigo mismo. Y no deja de ser una reflexión sobre las normas sociales en un mundo deshumanizado, Sobre el amor y sobre la soledad que nos permiten ser lo que somos, diferente de lo que nos imponen. El protagonista no es un héroe pero se resiste a esta vida reglamentada y no se adapta a ninguno de los dos mundos. Parece que la Ciudad es un tercer mundo, anónimo, en el que podrá sobrevivir, no ya solo sino con su amada. Aunque tenga que mutilat su cuerpo para hacerlo.
 El directo y co-guionista es un griego, Yorgos Lanthimos
realiza su primera película en inglés en esta coproducción franco-británica. Lanthimos es un director muy creativo, muy personal, capaz de dar una atmósfera singular a toda la narración.
 Colin Farrell está perfecto en el papel de David, el protagonista. También Rachel Weisz y el resto del reparto dan la talla para crear este extraño ambiente en que discurre la trama.


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