lunes, 7 de diciembre de 2015

LA GRAN BELLEZA







 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Esta película hay que situarla en la que podríamos llamar la tradición felliniana. Por una parte es una película sobre Roma. Los paisajes urbanos de Roma, lo más sutil combinado con lo más hortera. Película también costumbrista, centrada en la manera de vivir de una determinada clase social. Esta clase social podríamos definirla como un sector de la clase alta y media alta vinculada al mundo artístico e intelectual. El retrato es implacable, porque nos enseña sin concesiones lo que su director describe como "las aventuras intelectuales que no conducen a ninguna parte". La vida intelectual como el "bla, bla, bla" que nos evade del mundo real, que nos permite refugiarnos en las ilusiones de la retórica. Hablar para engañarnos y engañar, como nos muestra Jep Gambardella cuando desenmascara a su amiga Viola. Un mundo lleno de oportunistas que se enriquecen a costa de los incautos que van de cultos. Como decía Chesterson "Cuando dejéis de creer en Dios creereis en cualquier cosa". Pero la Iglesia continua presente, por supuesto, en la Roma de nuestros días. Con sus jerarcas espiritualmente degradados que se interesan más por la cocina que por la salvación de las almas. Jep Gambardella, en la cúspide de este grupo, se ha transformado en un escéptico que observa sin compasión pero con afecto el mundo vacío del que forma parte.
 Pero es una película que funciona también en otro registro, el de la reflexión sobre el sentido de la vida.
Jep Gambardella ha llegado a los 65 años como un aparente ganador. Pero él contempla su vida con el sentimiento de un cierto fracaso. El amor juvenil, el deseo de escribir, todo se desvaneció sin causa aparente. Pero Jep entiende que la vida es esto. También quería triunfar y triunfó en la vida mundana. Algo agridulce. Con sus luces y sus sombras, ambivalente. ganamos y perdemos : no hay más. La muerte está presente y se llega, a veces, de manera imprevisible. Mientras la vida va pasando. Con alegrías y con tristezas. Quizás sea la ética de la verdad lo da una coherencia a Jep Gambardella : ver las cosas como son, sin engañarse. Pero no es suficiente. hace falta también una mínima humanidad, sentirse parte de todo lo que observamos. Jep Gambardella tiene la virtud de no ser un "alma bella": él tampoco se considera mejor que lo que critica. Pero no ser perfectos no nos quita ni la lucidez ni el sentido crítico.
 Buen cine. Imágenes con fuerza, historias dispersas que tienen como hilo conductor a su protagonista, Jep Gambardella ( magníficamente interpretado por Toni Servillo). Cine de autor, donde el director y guinista italiano Paolo Sorrentino nos recrea un mundo algo surrealista, pero plenamente instalado en lo real.

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