Blog de Luis Roca Jusmet en el que quiere expresar una mirada filosófica personal de la narrativa cinematográfica y comentarios a trabajos interesantes sobre el tema. Abierto a todos los comentarios
Escrita por Luis Roca Jusmet La película se basa en una novela de Philippe Djian que podríamos calificar como de thriller psicológico. Una historia fuerte sobre una mujer que ha vivido un trauma infantil límite y que, una vez convertida en una adulta capaz de responsabilizarse de su vida, se enfrenta nuevamente a una agresión que rompe su rutina para enfrentarla a lo más oscuro de sí misma. La película no sería lo que es, un filme sobresaliente, sin la extraordinaria interpretación de Isabelle Huppert, que transforma un personaje difícil en una mujer compleja e imprevisible, pero absolutamente creíble. Borda totalmente el personaje con todos sus matices y enigmas, Digo enigmas porque Michèle Leblanc aparece a nuestros ojos de una manera muy conductista. Vemos lo que hace pero no sabemos lo que siente ni lo que piensa. Tampoco sabemos como vivió esta experiencia traumática que rompió su vida cuando tenía diez años. ¿ es Michèle Huppert una perversa o una víctima de sujetos perversos, su padre primero y Patrick después. la respuesta es ambigua. Pero Michèle es una mujer fuerte, como las otras mujeres que aparecen en la historia. Son todas supervivientes. Los hombres, en cambio, son víctimas de sus pulsiones perversas o, simplemente, de su propio patetismo. La película gira igualmente en torno a la responsabilidad. Debemos responsabilizarnos de nuestra vida y hacernos carga de ella, a pesar de los pesares. Nosotros somos, al final, los que nos responsabilizamos de lo que hacemos con ella, por muy marcados que estemos por lo que no hemos elegido. Y también lo somos de cada uno de nuestros actos y de sus consecuencias. Paul Verhoeven, viejo artesano del cine de lo que podríamos llamar serie B, consigue a los 77 años lo que yo creo que es su obra maestra. La música, excelente, y un elenco interpretativo de alto nivel, al lado de la genialidad de Isabelle Huppert, recrean esta excelente película.
Escrito por Luis Roca Jusmet Como todos sabemos, Woody Allen, a pesar de ser uno de los grandes directores cinematográficos contemporáneos, tiene una producción tan amplia como desigual. Lo que yo rescataría de la obra de Woody Allen para la historia del cine son sus mejores comedias y sus mejores dramas. Las mejores comedias las elaboró a finales de los 70 : Annie Hall, Manhattan... Los mejores dramas han ido apareciendo de manera intermitente y los que más me gustan son los que tienen algo de suspense, como Delitos y faltas y Match point. Woody Allen ha seguido dirigiendo con su buen oficio, lo cual a veces no ha sido suficiente como para producir algunos bodrios ( como Vicky Cristine Barcelone). Algunas de estas últimas películas, como Blue Jazzmine, me parecen de todas maneras que hay que contarlas entre los mejor de su filmografía. Café Society es una de las grandes comedias de Woody Allen, al nivel de las que citaba de los años 70. Es una película redonda, sin más pretensiones que las que tiene, que es la de una comedia entretenida e inteligente, pero que pone de manifiesto todo el talento narrativo de Woody Allen como director y como guionista. Una trama familiar y social muy bien enlazada, con un ritmo fluido que mantiene en todo momento el placer y el interés del espectador. Lo pasé realmente bien porque la dirección, la interpretación y la música se conjugan en un filme que hace del cine un auténtico goce. Aunque hay un cierto tono agridulce la película respira vitalidad. Los sueños sueños son, pero hay que vivir y hay que hacerlo con la máxima alegría aunque el mundo real no se adecue a ellos. Aparecen, por supuesto, los grandes temas de Woody Allen : el azar, la felicidad, la insatisfacción, el amor... Como, en definitiva, vamos tejiendo nuestra vida a partir de nuestras decisiones y las de los otros. Tenemos también otras cuestiones sociales de fondo, recurrentes en algunos casos en el mundo de Woody Allen. la comunidad judía de New York. Pero también el ambiente de Nueva York y Hollywood de los años 30, con todo lo que tiene de fascinante y de falso al mismo tiempo. La interpretación me ha parecido genial en todos los casos, desde los protagonistas hasta los secundarios. Jesse Eisenberg viene a ser el nuevo rostro de un Woody Allen ya demasiado viejo para interpetrar al personaje principal, pero con los tintes caracterísiticos. Kristen Stewart una nueva actriz de pura cepa, tan atractiva como convincente. Steve Carell y Jeanne Berlín, estupendos.
Escrita por Luis Roca Jusmet El filme de la directora, francesa de padres daneses, Mia Hansen-Love puede recordar, como he leído en algún lugar, al del maestro Erich Romer. Su minimalismo, su observación de lo cotidiano, su reflexión sobre las transformaciones silenciosas que se dan en la vida de cada cual. Esto último se manifiesta en una discontinuidad en la continuidad : se corta una situación y se enlaza con otra. Para los chinos el tiempo presente no existe, solo hay pasado y futuro. El porvenir, título de la película, es este paso que vamos viendo, esta continuidad entre lo que pasaba y lo que pasa. El filósofo italiano Giorgio Colli dijo que la percepción es un recuerdo. Pero Rohmer es, por decirlo así, un estoico más alegre que la directora de esta película, es más spinoziano. En el filme que nos ocupa hay un estoicismo algo triste, algo depresivo. Nathalie es kantiana. Quizás le falte el deseo, oculto tras el deber. parece como algo desconectada de sus emociones. Hay una contención permanente en Nathalie. La película es interesante pero no hace vibrar. Ignoro si la directora busca intencionadamente este sentimiento del espectador, que se identifica así con el mundo de la protagonista, Nathalie, interpretado por una extraordinaria isabelle Huppert, que hace suyo el personaje. Me llama la atención la insistencia en una frase de la protagonista en el folleto de propaganda de la película : "He reencontrado mio libertad, una libertad total, es extraordinario." Justamente mi manera de entender la película es al revés de lo que da ha entender el sentido que quieren dar a esta frase. Porque esta frase refleja una ilusión de la protagonista, que finalmente abandonará. Si vamos a la teoría de Kierkegaard de los tres estadios encontramos que ella ha vivido siempre en el estadio ético : la repetición, el compromiso. El estadio estético es el de la aventura, la disponibilidad, el cambio, es al que se refiere cuando se encuentra frente a esta libertad. Se ha roto el compromiso con su marido, con sus madre, con sus hijos. Quiere experimentar pero este camino no le conduce a ningún sitio y al final vuelve al compromiso, simbolizada por la cena dada a sus hijos y el cuidado del nieto. Ella no reiventa su vida, sigue su proyecto. En un momento parece querer experimentar cosas nuevas cuando visita a su ex-alumno. Pero rápidamente se da cuenta de que ella está de vuelta de lo que están viviendo. No le interesa. Un problema interesante que me plantea esta película, como profesor de instituto que vive la pasión de la filosofía es hasta que punto la suya es una vida filosófica. Ella vive inmersa en la problemática filosófica, que transmite a los estudiantes para enseñarles a pensar. Pero este enseñar a pensar debería serlo sobre sus problemas cotidianos, personales y sociales. Ella misma no se define cuando es interpelada : la huelga, la autoría... ¿ Ha de servir la filosofía para aprender vivir lo cotidiano mejor ? Yo creo que no, al igual que ella. La filosofía problematiza, abre horizontes y nos da instrumentos para pensar nuestro mundo, pero no da soluciones. Hay, por supuesto, toda una reflexión sobre una etapa de la vida de la mujer, el otoño vital, entre una juventud perdida y una vejez futura. La película tampoco se inhibe de las problemáticas concretas del momento, en relación a la actividad de Nathalie. Las huelgas de estudiantes de secundaria, la trasnformación de las editoriales por la política de marketing a corto plazo... Una buena película, no de las que te conmueven pero sí de las que te hacen pensar.
Steve Buscemi es un actor secundario, pero muy singular y expresivo actor norteamericano, conocido sobre todo por películas de los hermanos Cohen o de Quentin Taradino. El típico actor de reparto que deja huella de su presencia en cualquier película. El año 2000 rodó esta película, Animal factory. El microcosmos carcelario ha sido reproducido muchas veces, con mayor o menor fortuna. Sin tener un argumento demasiado original, Steve Buscemi considgue una película del género más que aceptable. Colabora, al margen de su firme y persona dirección, la excelente música y la buena interpretación de William Dafoe, un buen actor, generalmente de reparto como el propio director de la película, pero que en films como el que nos ocupa es capaz de asumir con maestría el papel protagonista. Le acompaña Eduard Furlon, en una excelente interpretación juvenil, al igual que en American X. Destaca en el resto del reparto la inmsólita presencia de un Mickey Rourke en el papel de travestí. Es una de las películas que para mí ha mostrado de manera más gráfica lo que es la esencia del universo carcelario. El filósofo Michel Foucault analizó de manera lúcido el fenómeno de la prisión. Una cosa que nos resulta tan familiar es simplemente una forma de castigo que hasta el siglo XVIII no tuvo ninguna relevancia en Europa ( y menos aún en las otras sociedades). Se prefería el exilio, la tortura, la muerte, la amputación, la desposesión de propiedades o derechos, etc. La prisión adquiere relevancia en el seno de los movimientos ilustrados y filantrópicos que lo veían como una manera de reinserción social. Eran concepciones optimistas e ingenuas del ser humano que en poco tiempo mostraron su fracaso. Más que en otra cosa las prisiones se convierten¡ en fábricas de delincuentes. ¿ Porqué siguen existiendo si no cumplen la función por la que fueron establecidas ? Para Foucault hay una parte que es la pura inercia pero también pueden tener la función secreta de justificar la policía, de crear redes de colaboradores... En todo caso es, como casi todo lo que ocurre en las sociedad, más productos de las contingencias que de la necesidad. Lo cierto es que la prisión se convierte en una sociedad paralela en la que una vez se entra se genera una dinámica repetitiva en la que los encarcelados van haciendo su propio mundo y cada vez les resulta más difícil volver a la sociedad externa. Es un mundo de una tensión extrema, de una violencia omnipresente, en la que se van estableciendo jerarquías y valores propio. William Dafoe lo pone de manifiesto de manera muy clara en dos ocasiones. En una dice que es el prestigio el que te mantiene frente a los otros. Es la lucha a muerte por el prestigio que tan bien nos explicaba Hegel en su "Fenomenología del espíritu". Y, por supuesto, en la frase final : "Más vale reinar en el infierno que servir en el cielo". También vale la pena identificar en la película los temas de la amistad viril, la paternidad simbólica y la redención. Se trata, en definitiva, de una película que merece verse.
Cuando tenía unos doce años veraneaba en Valldoreix, que formaba parte del municipio de San Cugat y que básicamente estaba compuesto por torres de veraneo de gente de Barcelona, como mi familia. Un día, por la noche, mi hermano, algo más pequeño que yo, fuimos al cine que había montado artesanalmente en un local-bar de Mirasol, al lado de Valldoteix, y que estaba a una distancia de nuestra casa de Valldoreix. En el cine hacían "Psicosis". Fuimos con mi tío, hermano menor de mi madre, que tenía poco más de veinte años. Mi tío disfrutaba haciéndonos pasar miedo. Ya desde muy pequeños, cuando él era adolescente y pasaba parte del verano con nosotros. "Psicosis" tuvo en mí un efecto siniestro, lo que asusta y atrae al mismo tiempo, de una forma particularmente intensa. Me impresionó mucho, muchísimo. Pero por la noche volvimos a oscuras por aquellos senderos silenciosos bajo la risa perversa de mi tío. "Psicosis" fue entonces un elemento clave en mi imaginario infantil. Este recuerdo me viene después de visionar una extraordinaria película-documento sobre el encuentro Hitchcock-Truffaut. Hitchcock dice que lo que que lo que quería era emocionar al público. Lo consiguió plenamente. Pero todo Hitchcock, todo su cine fue conformando mi imaginario. La película, por cierto, es altamente recomendable, es un magnífico puzzle en el que el centro es esta entrevista de dos personas que hicieron del cine el sentido de su vida. Dos personas libres porque ser libre, es, en definitiva, expresar la propia singularidad. Solo hablaron de cine, a todas horas, porque era lo que les interesaba, era lo que les unía, eran sus mundos diferentes y. al mismo tiempo, compartidos. Al mismo tiempo podemos gozar de comentarios de diversos directores, todos admiradores de Hitchcock. No podría entender mi vida sin Hitchcock, forma parte de lo que soy. Verlo en este documental, oírlo, saborear sus escenas, ha sido para mí un enorme placer. Y estas son las identidades singulares en este mundo moderno que, para bien o para mal, ha diluido las identidades colectivas. Pero identidades singulares que no deben aislarnos sino unirnos. Y aquí me uno yo con todos los espectadores de esta extraordinaria película, con todos los directores que hablan de Hitchcock, con el mismo Hitchcock y con Truffaut. Pero también con Slavoj Zizek cuando leo su libro "Todo lo que usted quiere saber sobre Lacan y no se atrevió a preguntarle a Hitchcock." Y con el mismo Lacan, y con todos los lectores de uno y de otro. Y así vamos conformando una comunidad heterogénea de múltiples afinidades. Esta debería ser nuestra patria, la de lo común y de lo diferente, la de lo universal y lo singular. Y aquí está Hirchcock cuando dice que un europeo, un japonés y un indio se estremecerán igual al ver "Psicosisi". Un lenguaje de las imágenes que se hace así universal.
Es esta una curiosa película. El argumento es, de entrada, bastante extraño. Hasta algo avanzada la película no se coje el hilo, no acabas de hilvanar de qué va la historia. Una historia con un cierto estilo de cine negro, pero que nos habla de la paternidad y de la redención. Un hombre, sin motivo aparente, se hace cargo de un individuo joven, vulnerable y marginal, al que no conocer. Se convierte para él en una especie de padre. Luego sabemos que es una redención por una deuda con el chico y quizás con sus propios hijos. Una vida vacía parece recuperar el sentido. luego es como si su compasión se prolongara y se hace cargo de una joven que se desprecia y se humilla a sí misma. Pero todo pasa a un ritmo marcado por una música excelente, con el silencio y la mirada como elementos más expresivos. El hombre, Sidney, habla poco.. Le definen sus actos, seguros, contundentes. Sus protegidos tampoco hablan demasiado.Los que sí hablan lo hacen por incontinencia, por charlatanería. Son indignos en su palabrería frente al silencio de Sidney, que parece un viejo samurai. Es el silencio del samurai. La película es magnética, está muy bien dirigida por Paul Thomas Anderson y magníficamente interpretada por Philip Baker Hall y John C. Reilly, con Samule J. Jackson y Philip Seymour Hoffman, La música, exclente. Cine con estilo clásico que vale la pena ver. Totalmente aconsejable.
Escrito por Luis Roca Jusmet Si viera por casualidad el inicio de la película no tendría muchas ganas de continuar. la típica historia del grupo de estudiantes que comienza la Universidad, en tono de comedia, no me resulta muy atrayente. Aunque sí hay que reconocer que engancha el ritmo inicial, muy trepidante, la música rock que le acompaña. Pero una referencia reclama paciencia y es la del nombre de su director, Richard Stuart Linklater, es el director de la cinta. Entre sus obras más brillantes, tenemos de Boyhod ( Momentos de una vida) o la serie Antes ( del amanece, del atardecer,del anochecer ). Como luego explicaré hay un cierto hilo conductor entre las tres cintas. El argumento no se sale, superficialmente, del tópico de este tipo de películas. Pero esta rodado con una vitalidad que contagia al espectador, evita las escenas de mal gusto que abundan en estas cintas y nos transmite, en definitiva, el gozoso retrato de un grupo de camaradas, unidos por el deporte, que afrontan el inicio de una nueva etapa de sus vidas, la salida de la adolescencia y el paso a la adultez. En este interregno que son los años de universidad,en un contexto tan determinado como las universidades norteamericanas. El buen hacer del director hace que la historia resulte interesante y estimulante. Es también un retrato, el de la generación de los 80, que como he dicho se da en el marco de EEUU pero que en muchos aspectos puede ser extrapolable a otras sociedades modernas. La música acompaña y lo hace, por cierto, muy bien. Son los grandes del rock de los 80 : Frank Zappa, Blondie, Dire Strite, The Cars. Pero la película tiene también su dimensión filosófica, que tiene que ver precisamente con las dos películas que he mencionado al principio. Es el tiempo, la temporalidad humana. Como sabemos,no es el tiempo el que pasa sino somos nosotros los que pasamos. Somos tiempo y somo una trama de relaciones. En "Momentos de vida" es la vida de un niño y su tránsito a la juventud lo que se pone de manifiesto y el director lo rueda además en tiempo real. En los tres "antes de" es el inicio de una relación, su consolidación, su crisis, su envejecimiento el que se pone de manifiesto. Lo hace además con la bella analogía del paso de un día con el paso de la vida. En la película que nos ocupa el tema se manifiesta de una manera más encubierta, más sutil. Cuando el protagonista, al final de la película, habla con la chica que ha conocido y esta le habla de la necesidad de una pasión que de sentido a tu vida y él le dice que esto es lo que es para él el beisbol. Que no importa lo que sea pero que sea algo que te apasione y de un valor y un sentido a tu vida. Es como un pasado que se deja y un futuro que se apunta. y el presente es, ni más ni menos, lo que experimentamos en el tiempo que pasa y que, en la juventud sobre todo, queremos atrapar con tanta intensidad.